Historia

 

 

En 1857 se inaugura solemnemente el Instituto San Buenaventura fundado por uno de aquellos sacerdotes que apostó a la educación para “alfabetizar en y por la fe”, el padre Juan Bautista Reineri. En esta primera etapa, la escuela imparte enseñanza gratuita a niños de distintos sectores sociales. Junto a las esperanzas de los niños distinguidos de la primera sociedad de la Villa, se hacía un lugar para los anhelos de algunos pequeños que vislumbraban una posibilidad de descubrir un “nuevo mundo” a partir de la palabra, de la imagen, de la voz, del número que les llegaba por medio del “maestro”. 

En el año 1890 y  en respuesta a la demanda de un grupo de obreros y empleados se funda la escuela “Primaria Nocturna” con una matrícula de 112 alumnos, indicio que lleva a pensar en la importancia de la escolaridad, del saber, del encuentro con el conocimiento para estos hombres.

El Instituto San Buenaventura crece en su matrícula y divisiones, y al mismo tiempo, en desafíos: cada vez mayor número de alumnos, niños, adultos y jóvenes se interesan por aprender; la sociedad se estaba tornando más exigente; para participar de un sistema social cada vez más complejo e intelectualizado, resulta  impostergable la necesidad que el establecimiento incorpore el Ciclo Comercial Nocturno.

En 1951 la sociedad había empezado a cambiar, se expandían las bases de los sectores sociales, había otros proyectos de integración que ya no involucraban a los inmigrantes, sino a muchos trabajadores que comenzaban a adquirir espacios de poder en la vida pública y social.

La matrícula registró a 19 jóvenes que inician el Primer Curso Nocturno, y al cabo del Ciclo Secundario reciben su título 14 de ellos. Los profesores trabajan meses y meses ad-honorem manifestando un profundo interés por la docencia, y por el porvenir de sus alumnos.

Son tiempos de sacrificio y fundamentalmente de trabajo.

Sin embargo, la comunidad sigue demandando, y el “Sanbue” sigue dando respuestas: en 1956 se crea el Nivel Medio Diurno.

Una década más tarde comienza una nueva etapa para el San Buenaventura, en 1966 llega a Río Cuarto para asumir el Rectorado del Colegio el R.P. Miguel Gomila, de carácter dinámico y resuelto, con ideas renovadas. A su gestión se debe la extensión del Comercial Nocturno a las mujeres, pues hasta entonces era exclusivo de varones.

Durante este período se implementa el Proyecto 13 que propone un replanteo de la Educación Media. Un gabinete psicopedagógico asesora a los docentes, para que puedan ayudar a todos y cada uno de sus alumnos a descubrir su singularidad, sus condiciones de creatividad encauzadas, cada vez más enriquecedora de su ser trascendente.

En las horas  extra clase, se trabaja con proyectos que permiten al alumno descubrir sus intereses, desarrollar especiales aptitudes, tratar de superar limitaciones.

Mujeres en la Institución: 

Los Padres Rafael Alfageme y Rafael Colomer dieron un nuevo paso, al ofrecer un nuevo espacio para la integración en el horizonte del San Buenaventura, abriendo la matrícula de las mujeres.

Otras voces, una nueva dinámica de relaciones, otros juegos en los patios, “en el Sanbue hay polleras!!” era la novedad que mostraba cómo la propuesta educativa llegaba cada vez más a los diferentes grupos que conforman nuestra comunidad.

Historia del Edificio: 

Tres son los momentos más representativos del ímpetu de esta institución que pueden reconocerse: El de un pobre cuarto de otros seis que componía el rancho de adobe y paja donde se alojaron los misioneros al llegar a la Villa; la primera escuela, que funcionaba en dos aulas o salones de 60 y 90 metros cuadrados y luego el tradicional edificio de calles Cabrera y San Martín que acompañó al paisaje riocuartense durante la primera mitad del siglo XX, que fue pasando por sucesivas transformaciones arquitectónicas, hasta el hoy magnífico edificio que se caracteriza por su estilo y refleja el espíritu de su dimensión interna, social y formativa, desde las salas del Jardín de Infantes, la escuela primaria, el secundario y el secundario nocturno.

 

Futuro: 

Entendiendo que la escuela debe dar respuesta a los cambios sociales de la ciudad y la región formando personas con amplitud de criterios para actuar, en ese marco, se elaboran nuevos objetivos para la escuela y en particular para el horario nocturno, no sólo en el presente sino con una clara visión del futuro inmediato.

Los jóvenes son capaces de elaborar y gestionar proyectos para una sociedad laboral y económicamente siempre mutante.

Ante la evidencia de la falta de correspondencia entre títulos y puestos de trabajo, la escuela cree necesario proponer una formación que permita acceder a diferentes puestos de trabajo, que se centre en la experiencia, en el valor a la capacidad y a la responsabilidad.

En la sociedad, la educación media define más que los otros niveles, el futuro ocupacional, y la posición social del individuo. A medida que la organización social es más compleja, aumentan las exigencias educativas para ocupar lugares de mayor prestigio y mejor remuneración.

Han pasado más de cien años, la comunidad franciscana puede observar con orgullo el fruto de su trabajo.